Gonzalo Santos Clynes

Texto escrito el 15 de agosto de 2015; día en el que se reanudaron las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos de Norteamérica.

REMEMBRANZAS DE “LA PALOMA”

 

Por Gonzalo Santos Clynes

 

Ayer en la ceremonia de reapertura de la embajada estadounidense en La Habana, pudimos apreciar tres clásicos Chevrolets de los años 50 y 60, estratégicamente estacionados entre el mar Caribe y la ceremonia. Hasta Kerry pidió que lo pasearan en uno de ellos.

 

En mi infancia, mi familia adquirió dos de esos modelos. El que más recuerdo fue el que sale de negro en la foto, un Chevy Impala modelo 1959 (año en que triunfó la revolución) pero que en nuestro caso era totalmente blanco, el cual bauticé como “La Paloma” por su color y sus hermosas “alas” en la parte posterior. Luego, mucho después, le puse a mi hija ese nombre.

 

Fue el primer carro que me dejó manejar mi padre. Le desgarré el tanque de gasolina un día de campo, por echar reversa sobre una llave de agua escondida en el pasto. Nos quedamos un día más en el hermoso “Taninul”. Ya perdonado, lo llevaba a la playa para “derrapar” en la arena con mis cuates, haciendo círculos o derrapes a alta velocidad. También fue mi primer y muy cómodo nido de amor (con su largo asiento de atrás…), y nocturno carro de carreras en las curveadas, angostas y mortales carreteras a la salida de Tampico ¡No me maté por pura suerte!

 

¿Qué más me conecto con Cuba? Mis padres tuvieron su luna de miel ahí, en la Habana, antes de la revolución, y yo me dejé la barba rebelde tan pronto pude, después de la revolución, por lo que me echaron de la casa. Pero, como las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, solo por un tiempo y más breve. Y como ayer los cubanos de esa generación, me quedé con la barba para toda la vida...